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© EL MINISTERIO DEL ANHELO

Desfilaba el largo sonido sostenido intermitentemente… ¡!… ¡!… ¡!… de la alarma de un coche, mientras otra sonaba a lo lejos con el mismo sentido precavido.

Cuando bajaba del transporte público de pasajeros, todavía recordaba esas manos que, sin mirarlas, se santiguaban al pasar debajo de los puentes como si fuesen artífices de olvidados ministerios.

Aprovecho para decirte que te quiero, siempre que puedo utilizo esta frase, aunque su imperfecto enunciado no exprese el deleite sincero que hubo alguna vez detrás de esas palabras.

Un día me enamoré locamente de una ausencia, una despedida en un bar que nunca existió. Un espejismo mientras buscaba refugio de la lluvia, y observaba con curiosidad los diseños de las mesas como si estas fuesen a invocar la figura que brotaba invisiblemente en mi corazón.

Quizá…pienso ahora,…que quizá exista gente, a la que le suceda esto todas las tardes, o todas las mañanas, o todas las noches…

Yo recuerdo el día, distinto a cualquier día gris o lluvioso, o soleado, en el que esa extraña sombra se posó en mi memoria. Porque desde ese día la he perseguido como se corre detrás de un arco iris, sin la esperanza de saber donde comienza o donde acaba. Con el anhelo expectante de darle una forma, un dibujo, y nutrirla con mi propia luz.

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© HORARIO CON LA QUE ANULAN LAS SOMBRAS A LAS FANTASÍAS.

Las sombras desfilan indecisas sosteniéndose en el aire, como ejes buscando donde apoyarse.

Son preguntas a las que nunca hemos dado respuesta, que siguen germinando, prolongándose indefinidamente, largamente estrechándose hacia el infinito vacío y sin arrugas.

Como si fuesen largas antenas de pararrayos, absorben las sospechas, descargando al cielo de los intentos frustrados de dotar de luz al día.

Cuando, como sin darte cuenta, te apoyas en una de ellas, quizá pensando que pudiera sostenerte, como si algo pudiera sostenerte, algo que no seas tú mismo, es entonces que emprendes la tarea de dar respuesta a todo buscando la pregunta, tierra eterna prometida, soñando con todo lo posible, como un tobogán del que descendieras a una tierra con flores y frutos.

Las sombras no se fían de las sospechas, pero sin embargo, al mirarlas a lo lejos parece que ambas se confunden.

Yo también fui una sospecha, piensas cuando miras por primera vez hacia las sombras enamorado, sin sospechar en ese instante, que estás mirando hacia tu pasado.

Las letras con las que se tejen las distancias, someten al propio tiempo a su larga espera, obligándolo a sostenerse con ambos pies alternativamente como largas garzas zancudas, ignorando que lo que esperan hace tiempo que está tejido.

¡Hola, mundo!

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